¿QUE PASÓ EL 10 DE JUNIO DE 1935?
Hace años, en 1935, uno de nuestros miembros hizo un viaje a cierta ciudad del oeste.
Desde el punto de vista de los negocios, el viaje le fue mal.
Si hubiera tenido éxito en su empresa se habría podido levantar económicamente lo cual, entonces, parecía de vital importancia.
Pero la operación terminó en un litigio y fracasó completamente.
En lo sucedido hubo mucho de mala voluntad y de controversia.
Amargamente desilusionado, un día se encontró en un lugar extraño, desacreditado y casi sin un centavo.
Todavía débil físicamente y sobrio sólo unos meses, se dio cuenta de que su situación era difícil.
Sentía mucha necesidad de hablar con alguien, pero ¿con quién?
Una tarde triste, paseaba por el salón de entrada de su hotel, preguntándose cómo iba a pagar su cuenta.
En un rincón del lugar había una vitrina con un directorio de las iglesias locales.
Al fondo del salón, una puerta daba a una atractiva cantina.
En ésta encontraría compañía y liberación; pero, a menos que se tomara unas copas, no tendría valor para trabar amistad con nadie y pasaría un fin de semana muy solo.
Por su puesto que no podía beber, pero ¿por qué no sentarse a una mesa con un refresco?
Después de todo, ¿no había estado sobrio seis meses?
Tal vez pudiera con, digamos, tres copas – ¡ni una más!
El temor se apoderó de él.
Su posición era débil.
Otra vez esa vieja e insidiosa locura – esa primera copa.
Se dirigió temblando a donde estaba el directorio de las iglesias.
La música y la alegre charla le llegaban desde la cantina.
Pensó en sus responsabilidades: su familia y aquellos hombres que morirían porque no sabrían cómo ponerse bien; si, aquellos otros alcohólicos.
Sin duda había muchos de ellos en esa población.
Telefonearía a algún clérigo.
Le volvió la cordura y le dio gracias a Dios.
Después de escoger al azar una iglesia entró en la cabina y descolgó el teléfono.
Su llamada al clérigo lo llevó finalmente a cierto residente de la población, el cual, aunque había sido un hombre capaz y respetado, estaba entonces acercándose al punto más bajo de la desesperación alcohólica.
La situación era la de siempre: el hogar en peligro, la esposa enferma, los hijos desorientados, las cuentas sin pagar y el crédito por los suelos.
Tenía un deseo desesperado por dejar de beber, pero no encontraba la salida después de haber ensayado casi todas las vías de escape.
Dolorosamente consciente de que había algo anormal en él, el hombre no podía darse cuenta cabalmente de lo que quería ser alcohólico.
(Texto Básico)
(Esto se refiere al primer encuentro de Bill y el Dr. Bob. Estos dos hombres fueron más tardes los co- fundadores de A.A. El texto del libro comienza con la historia de Bill; la sección de Experiencias comienza con la del Dr. Bob)










