Mis días transcurrían de manera desordenada y acelerada, en cualquier momento corría el riesgo de acabar con mi vida terrenal debido a la poca moderación de mi forma de beber y fumar, mi sistema nervioso no soportaba el ritmo que estaba teniendo y mi salud mental se desequilibró por completo. Entraba en momentos de mucha euforia seguidos por profundas depresiones, a pesar de tanta torpeza, la divina providencia me salvo y puso en mi camino a Alfonsito (padrino) y los grupos de doce pasos, de Alcohólicos Anónimos, dándome una nueva esperanza, una vida plena sin necesidad de autodestruirme y afectar a mis seres queridos. Viviendo un día a la vez, poco a poco corrigiendo mi carácter, pensando en los demás y ayudando a mis compañeros. Me siento contento de haberme dado una oportunidad, poner límites a mi comportamiento y de vivir limpio por estas 24 horas. Las puertas están abiertas, juntos podemos salir adelante.
Compartir esta publicación










