UN MILAGRO DE A.A.

febrero 29 Salvo algunos breves momentos de tentación, el pensamiento de beber nunca ha vuelto a su mente; y en esos momentos de tentación, ha sentido una gran revulsión. Es aparente que no podría beber, ni aun queriendo hacerlo. Dios le ha devuelto la cordura. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 57 La palabra “Dios” me infundió temor