Había cedido solo a una cosa: mi alcoholismo. Acepté la ayuda divina y temporal en todo lo que tenía que ver con mi enfermedad con absoluta humildad; sin embargo, jamás había extendido esta maravillosa libertad de cualquier sentimiento de orgullo, resentimiento, envidia y necesidad de perfección y competencia hacia “todos mis asuntos”.
Sobriedad Emocional. Julio 1956. En todos nuestros asuntos









