Crecimos sabiendo que sin la gratitud diaria nuestro milagro personal perdería su esplendor y, con el paso del tiempo, opacaría nuestro nuevo y brillante mundo al dar todo por sentado, lo que inevitablemente nos llevaría fuera de la comunidad e, igual de inevitable, a nuestro más acogedor enemigo. Si descuidásemos nuestra “gratitud”, es posible que bebamos.
Bajo el Mismo Techo. Julio 1956. En todos nuestros asuntos








