“Me sentía devastada y, por pura desesperación, comencé a decir ‘hágase tu voluntad, no la mía’, una y otra vez. Comencé a sentir un poco de alivio. Esta fue mi primera experiencia de que no era necesario que creyera para lograr resultados a través de la oración. Descubrí que existen pocos límites en lo que se puede lograr estando sobria”.
Bajo el Mismo Techo. Sigo siendo agnóstica. Abril de 2009









