Había creado un universo entero que giraba en torno a mí y a lo que yo esperaba de la vida. Era mi propio Dios; por ende, realmente no tenía Dios. ¡Qué miserable era mi vida cuando veía el mundo a través de mis propios ojos! No podía acercarme a otras personas y ellas no podían alcanzarme.
B. S. Dallas, Texas. Sobriedad emocional









