Cada vez que resiento a alguna persona, tal como me indica la literatura, trato de orar por la persona que resiento, pidiendo para ésta lo que desearía para mí y, cuando se trata de situaciones, le pido a mi Poder Superior que me libere, que me permita pedirle esto con honestidad y me ayude a dejar de sentir lo que siento, admitiendo por supuesto mi impotencia tanto en el aspecto que estoy resintiendo como en mi vida entera.
Alejandra G., Lima, Perú. Lo mejor de La Viña









