La cuestión es que al llegar a AA no me encerraron, ni me amarraron, al contrario, me hablaron de una libertad nueva, de una solución, de una esperanza. Me regalaron las palabras que yo necesitaba para poder seguir viviendo. Hoy, por la gracia de Dios, no he vuelto a beber ni he consumido ni una dosis de drogas. Me han devuelto mi vida, me devolvieron a mi familia, mi hogar y todas aquellas cosas bonitas que fui perdiendo en el camino. Hoy tengo nuevos y buenos amigos, qué más puedo pedirle a la vida, si lo tengo todo. Ahora vivo eternamente agradecida a mi Poder Superior, a AA y a mis compañeros. Gracias, gracias a todos con el corazón en la mano.
LV Marzo/Abril 2021. Con el corazón en la mano, Fatima B. Tucson, AZ









