Dios me ha liberado de esa obsesión por la bebida y ahora trabajo cada 24 horas con la naturaleza exacta de mi enfermedad. Puedo asegurarles que, pese a todos los problemas que puedan aquejarme, vivo una vida feliz, tengo a Dios a mi lado, puedo contar siempre con mi padrino y mis compañeros de AA y no cambiaría absolutamente nada de lo que hoy tengo por mi mejor borrachera.
LV Mayo/Junio 2014. “El sano juicio”. Isabel B. La Paz, Bolivia









