“Estando sobrio, con frecuencia oraba cuando, en realidad, necesitaba meditar. Me quejaba tanto ante Dios que no le dejaba interponer una sola palabra. (No puedo evitar hacer con Dios lo que hago con los seres humanos). Para mí, la meditación es, simplemente, estar en silencio y escuchar, algo que no me sale de manera natural. Es coserme la boca —y silenciar la mente, que habla sin parar aunque mi boca esté cerrada—”.
“Confiar en el silencio”, ANÓNIMO, NOVIEMBRE DE 1991. De Beginners’ Book










