“Cordialmente, invité a Dios a pasar el día conmigo (como si fuese un pariente o un amigo de visita) y, en seguida, entablé un diálogo mental con él. Me di cuenta de que, a medida que hacía contacto con Dios, iba entendiendo quién era yo en realidad”.
“Bueno, Dios…”, HOUSTON, TEXAS, OCTUBRE DE 1985. De Spiritual Awakenings










