“Dios me liberó de la obsesión alcohólica en mi primera reunión, a través de la gran novedad de que el alcoholismo es una enfermedad, y que no debía tomarme la primera copa, que era la que desencadenaba el fenómeno del deseo imperioso. La sensación de alivio que sentí en esos momentos es inolvidable”.
Septiembre/Octubre 2004, Mar del Plata, Argentina. “Cómo entender el anonimato”. Lo Mejor de La Viña









