Un miembro de la Comunidad me dijo que nunca más tenía que tomarme otro trago, que podía vivir el resto de mi vida, un día a la vez, sin el alcohol. Me dijo que si me convertía en un miembro activo del programa y me hacía consciente de mi propia espiritualidad, iba a recibir un poco de serenidad sin importar cómo marchara mi vida.
Lo mejor de La Viña. La mejor vida posible, un día a la vez. Noviembre/Diciembre de 1996









