Cuántas veces me habían dicho que extendiera la mano para buscar ayuda, y lo hice; fui a reuniones y me aferré al Libro Grande con una mano y a mi Poder Superior con la otra. Tomé la determinación de pedirle ayuda a Dios para evitar ingerir un trago que aliviara un dolor que no puedo ni siquiera tratar de describir.
Lo Mejor de la Viña. La mejor vida posible, un día a la vez. Noviembre/Diciembre de 1996









