Y paulatinamente mi vida se fue llenando de paz interior y de la alegría de vivir con que había soñado. Los buenos días de que me hablaran tanto empezaron a llegar, para mi satisfacción y de toda mi familia, que ahora sí constituye un hogar hermoso donde hay respeto, tolerancia, amor y armonía, a pesar de las dificultades normales de la vida.
Lo Mejor de La Viña. Lo único que me ha hecho sentir feliz y útil. Noviembre/Diciembre de 1997








