Como si estuviéramos guiados por algún instinto profundo e irresistible, hasta ahora hemos conseguido evitar graves controversias. Salvo algunos pequeños y saludables dolores de crecimiento, estamos en paz entre nosotros mismos. Y por habernos aferrado hasta la fecha a nuestro único objetivo, todo el mundo nos tiene en buena estima. Que Dios nos conceda la sabiduría y la fortaleza para mantener siempre una unidad indestructible.
El Lenguaje del Corazón. Séptima Tradición. Septiembre de 1948








